Tres veces diez.

diciembre 14, 2011

Tengo la costumbre de escribir un post en mi cumpleaños y este año, con el cambio de década, debió ser aun más significativo; no fue así y no me extraña. En lugar de disfrutar, la fecha se volvió un momento depresivo y doloroso que además se vio aderezado con una decepción amorosa que nada más hizo las cosas mas negras de lo que de por sí ya creía que eran. Claro que al final de todo no fue más que pura llamarada de petate porque ni se me acabó el mundo y mucho menos dejé de cumplir años.

Por otro lado, esto no es la reposición de mi post de cumpleaños ni mucho menos, nada más quiero dejarme un pequeño recordatorio: la vida es tan negra como uno haya decidido pintársela.

Temblor.

octubre 20, 2011

Así como cayeron los grandes imperios de la humanidad, se separan las buenas bandas de música y las economías de países europeos colapsan; así te encuentras un día en una isla desierta, parado en la orilla de la playa mirando un atardecer.

Cielo despejado y a espaldas la selva, tupida y majestuosa. De un lado el mar, esa gran extensión de agua sin fin y por el otro no poder ver donde acaba la oscuridad de los árboles, de esa espesura que no deja ni pasar el sol. Levantas la vista y ahí está, un volcán a punto de hacer erupción; sientes un temblor en los pies provocado por las entrañas de la tierra despertando.

No ha pasado ni un segundo y te das cuenta que no saldrás nunca de ahí, que no hay salida ni salvación para ti. Comienza la erupción, un río de lava corre a un costado del volcán.

Piensas en tu vida, lo mucho que deseabas ser feliz y lo poco que hiciste para serlo. Te descubres resignado a morir, evalúas tus opciones, tus dos únicas opciones: morir ahogado en lava o nadar. De cualquier forma morirías ahogado, en agua salada o lava incinerante.

Estás ahí, quieto, inmóvil, contagiado por la quietud del momento, te embarga la tranquilidad de pensar en todo y en nada. Fue simple, decidir sin haber decidido; porque finalmente no te moviste, no tomaste una decisión ni siquiera pensaste en ello, simplemente te quedaste ahí, esperando la catástrofe.

Te sorprendes mirando al cielo y notas que ya anocheció, ves con claridad las estrellas y sólo piensas en eso, las estrellas. De nuevo es un temblor lo que te despierta del ensimismamiento y te das cuenta que ya está ahí, que en pocos segundos vas a morir y que nada importa más en ese momento, que ver por última vez las estrellas.

Historias

julio 31, 2011

Tengo muchas historias enredadas en la memoria, sucesos cotidianos y trascendentales que podrían dejar huella escrita. Tengo historias de cosas que han pasado en el transporte; de niños que en el metro pasan pidiendo dinero dándote un papel impreso en hojas a color  donde aseguran venir de la parte más marginada de Puebla, de taxistas que aseguran haber visto alguna vez a algún artista caerse de borracho y a los cinco minutos totalmente enteros, de vendedores ambulantes en el metro, de autoflagelación por unas monedas. Tengo historias del trabajo; de las vidas amorosas de unos, las envidias de otros y las quejas de toda la vida. Tengo historias familiares; de primos que se casan al poco tiempo de conocer a sus parejas, parientes lejanos que fallecen, de divorcios anunciados desde el día de la boda, disputas económicas, relaciones irreconciliables, familiares con años sin cruzar palabra. Tengo historias de amigos; hipocresías entre unos y otros, el típico que quiere caerle bien al resto, de distancias irreconciliables, de distancias del corazón y de distancias físicas, de amigos que son más que amigos, de confidentes sexuales, de verdaderos amigos, de amigos que se alejan, de nuevos amigos, de conocidos. Tengo historias de amor; de esos donde la distancia es el único impedimento, de exnovios espías, de encuentros cercanos, de lágrimas nocturnas, de ausencias constantes, de celos enfermizos, de tristezas en la mirada, de noches de pasión, de partidas dolorosas, de recuerdos incesantes.

Tengo historias de historias, como esta en la que no escribo de nada y a la vez escribí todo, por lo menos el todo del que tenía que escribir.

Escribir

mayo 13, 2011

Se ha vuelto tan extraña ya la sensación de tomar una pluma, hoja de papel y escribir, algunos de nosotros estamos demasiado acostumbrados a un monitor y un teclado que olvidamos lo que es dejar nuestra huella en tinta y papel.  Ahora tenemos la mano dura, acalambrada; los dedos entumidos, tiezos, acostumbrados a golpetear pequeños cuadros de plástico impresos con cada uno de esos símbolos a los que llamamos letras. Son esos mismos símbolos los que antes se formaban con el vaiven de la mano, movimientos circulares que dan forma a sentimientos en palabras. La mayoría ya olvidó como se construyen paso a paso, de forma única e irrepetible; ahora simplemente recordamos su ubicación en un rectángulo de plástico y con presionarlo aparece en la pantalla. En la actualidad el golpe mecanizado y constante de los dedos sustituye a ese movimiento cadencioso que las manos producen al escribir.

No me mal interpreten no estoy en contra de la tecnología (trabajo en eso, vivo de ella), si no fuera por los avances tecnológicos simplemente no estaría aquí, quejándome de por qué los seres humanos olvidamos aquellas cosas que nos hacen precisamente mas humanos.

Este post nació en una hoja de cuaderno cuadro chico y una pluma negra, es corto porque mi falta de costumbre al escribir ha hecho que ya me duela la mano (pinche mano huevona) y no es ni una hoja completa, pero firmemente me propongo escribir más a menudo en papel.

¡Olas, aló!

abril 11, 2011

Sala, saló sola, sólo sala la sal.

A las alas, ola sal.

¿Aló?

Sala las alas, sala.

Salala sola, la saló.

Sala, sal a la sal.

Alá sólo saló solas a las olas

¿Aló?

Yo

abril 7, 2011

Hoy ella mar era, mal.

Harás airosa, mar salado diva.

[Solos]

Arena llanera, ave salada, ni rama morada

–Dirá caridad–

Aroma Marina ¡Dalas Eva! arena llanera.

[Solos]

Ávido da las ramas o ría Sarah.

La mar era, mal leyó hoy.

El grafógrafo.

febrero 16, 2011

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

Salvador Elizondo.

Sueños

febrero 1, 2011

Dicen que los sueños son las frustraciones o aspiraciones de nuestra vida, yo creo que nuestra mente se divierte con las imágenes y cosas con las que convivimos diariamente, son esos momentos en que dejamos a nuestro cerebro volar libre y jugar con nosotros, lejos de las presiones y el estrés.

Solía soñar muy seguido, tengo recuerdos de sueños verdaderamente extravagantes; sueños donde la Virgen María era una quimera y podía acercarme a los planetas hasta el punto de tocarlos o aquella ocasión en la que soñé estar dentro de mi caricatura favorita. Ahora ya no es así, no sueño con la misma frecuencia ni la misma extravagancia, hasta la semana pasada.

El primer sueño incluye a un hombre que sólo he visto en fotografías y hablado por teléfono en una ocasión, pero que era parte de una historia perfecta de amor de la cual éramos los protagonistas. Que por supuesto no tiene nada de extravagante, hasta que empieza uno una persecución para huir de quiensabequien (juraría que era de unos zombies) en un elevador sin puertas, que finalmente llega a un “primer piso” donde no hay más que un campo lleno de flores y pasto verde recién cortado. No, juro que no me fumé el pasto recién cortado de mi jardín antes de dormir.

El segundo sueño fue más perturbador que extravagante y también hay un hombre como protagonista de la historia (lo cual sí podría ser una frustración o aspiración según mi estado de ánimo, considerando que soy soltera, jajajaja), mi exnovio de la universidad, ese con el que estuve tres años y que la rutina, la costumbre y sus celos desmedidos terminaron por separarnos. Recuerdo que estábamos muy borrachos los dos, que teníamos que dejar el coche en un estacionamiento de 8 pisos, al cual subimos por una rampa hidráulica que no funcionaba muy bien y que fue razón suficiente para que él quisiera brincar la barda para hacer norecuerdoexactamentequecosa provocando que perdiera el equilibrio de tal forma que decidiera saltar al abismo. ¿?

Desafortunadamente el resultado fue tan lamentable en mi sueño como lo hubiera sido en la realidad, recuerdo haberlo visto estrellarse directo al suelo y ver un charco de sangre a su alrededor. Automáticamente en un flash, las interrogantes de la policía acerca de si yo lo había empujado y de su estado físico en el hospital (milagrosamente no había muerto). Nunca lo vi de nuevo en el sueño, pero estaba muy consciente de que estaba al borde de la muerte y yo, en un apuro legal.

Afortunada o desafortunadamente llegó el momento de despertar…

Me gusta soñar, despierta y dormida; pero cuando sueño estás cosas siempre me inquieta pensar que las provoca, tal vez en el primer caso sea motivado por un deseo oculto de alguna relación estable y el que siempre me quejo del elevador de la oficina, pero ¿y los zombies? El segundo caso me intriga aún más puesto que no he visto nada similar en bastante tiempo (vamos ni series policíacas como CSI o cosas de esas) ni mucho menos he tenido contacto con mi ex en muchos años. Me dio tristeza soñarlo de ese modo.

Seguiré soñando, al fin y al cabo son sólo sueños ¿no?

PD: Ahora que lo pienso, mañana es el cumpleaños de ese ex.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 3.499 seguidores