A veces dolor

A veces el dolor no es más que el recuerdo de que uno está vivo. 

Cuando se trata de tu recuerdo mejor quisiera estar muerta.

Se dice que uno no puede amar y odiar al mismo tiempo, pongo este año de testigo y a ti de evidencia de que es posible.

Eres lo mejor y lo peor que me ha pasado en la vida. Hasta hoy, no sé mañana.

Sólo por hoy quisiera decirte que ojalá nunca te hubiera conocido.

Sólo por hoy quisiera decirte que me haces falta.

Sólo por hoy y para siempre quiero decirte que eres y estás en mi pasado.

Quemando las naves.

Una a una estoy trabajando en las cosas que hicieron de mi vida lo que es ahora, uno a uno repasando los momentos que hicieron que sea quien soy, uno a uno contactando con ese dolor original, identificando los mecanismos de defensa que me sirvieron en el pasado y que ahora sólo son piedras en el camino, valorando lo que realmente me enseñaron las personas que hasta hoy han sido parte de mi vida, dándome cuenta que cada cosa tiene su tiempo y que el tiempo que de cada cosa es perfecto.

Este proceso ha sido lo más doloroso que he pasado hasta este momento, no sólo por la perdida que me llevó a él sino por todas las personas que debo trabajar, aceptar que no puedo controlar a esas personas ni lo que deciden ellas mismas, que tengo que confiar en Dios y en mí, que soy lo único que tengo y que el resto es sólo de paso, que no tengo ni debo controlar todo a mí alrededor y sobre todo que soy responsable de mí.

Una a una estoy quemando las naves de mi vida, no para dejar de ser quien soy sino para ser mejor cada día.

Marcar como leído.

¿Qué pasa cuando uno tiene un correo electrónico que no le sirve más pero que aún no es capaz de eliminarlo? Lo marcas como leído, es decir, ahí está para cuando lo necesites (si es que llega ese día) pero no llama más tu atención, no es un pendiente más, ni se vuelve algo por hacer. Así serás a partir de hoy en mi vida, hasta que tenga la fuerza necesaria para moverte a la carpeta de eliminados y vaciar la papelera de reciclaje.

Hoy estuve todo el día en la cama, repasando en mi mente muchos de los momentos a tu lado, sintiendo miedo por no poder volver a vivirlos y destruyéndome mentalmente una y otra vez y otra vez y otra vez. Siempre supe que yo no te importaba, pero tú siempre decias que sí, que no podías creer que yo dijera eso… y te creí. Te creí como la gente cree en Dios, con fe ciega y basado sólo en palabras y no en acciones. ¿En qué momento pasaste de ser lo mejor que había conocido a la persona que mas me ha lastimado? ¿En que momento me volví desechable para ti?

Me equivoque, Dios sólo hay uno y no eres tú.

Dios, dame fuerza para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para conocer la diferencia.

Eres lo único que me queda, ayúdame te lo pido.

Buscando palabras.

Quiero usar la soledad que tengo ahora para mí, cuidarme más, quererme más. También para dedicarle más tiempo a este espacio que abandoné por diferentes razones, pero siempre por la falta de constancia que me caracteriza. Nunca es fácil para mí escribir de lo que me pasa, no es lo mismo que con las palabras habladas, esas se las lleva el viento y ya; lo escrito, escrito queda. Pero si puedo vivir sola, si puedo alejarme de quien me hace daño, puedo hacerme de palabras escritas para que no sea el viento quien se las lleve y queden aquí para cuando necesite volver sobre mis pasos.

Por el momento sólo estas palabras, pero la búsqueda de las correctas sigue y pronto las encontraré.

Someday.

Tengo tiempo sin pasar por acá y supongo que es por lo mucho que mi vida ha estado igual durante demasiado tiempo, cuando no hay cosas que contar y la inventiva no da más que para 140 caracteres hacer un texto que hable de la rutina no es lo más motivante que uno pueda hacer.

Pero hoy hay algo nuevo que escribir.

Para los que me conocen no es nuevo que soy hija única de madre soltera y que además, a sus treinta años, aún vive con ella. Vivía con ella. Hasta ayer.

Sobran los motivos y razones por las cuales tomé esta decisión, nada tiene que ver con sólo querer más libertad o “hacer lo que se me de mi gana” porque si bien, ya puedo hacer lo que se me de mi gana, tampoco soy una persona irresponsable que dejará de trabajar o se irá de fiesta todos los días. Ahora es el tiempo y dinero lo que limite mi vida.

Ahora vivo mucho mas lejos de mi trabajo y perdí algunas de las comodidades que tenía con mi mamá (saber que siempre hay algo en la despensa, lavar en lavadora, la comodidad de mi cama o la cercanía del trabajo) pero estoy ganando la oportunidad de hacer algo diferente, de crecer como persona, de hacer MI vida y no la que mi mamá quiere para mí. Todas esas comodidades regresaran porque voy a trabajar por ellas.

Quizá no tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo, quizá sí. Pero aquí seguiré hasta averiguarlo.

Tres veces diez.

Tengo la costumbre de escribir un post en mi cumpleaños y este año, con el cambio de década, debió ser aun más significativo; no fue así y no me extraña. En lugar de disfrutar, la fecha se volvió un momento depresivo y doloroso que además se vio aderezado con una decepción amorosa que nada más hizo las cosas mas negras de lo que de por sí ya creía que eran. Claro que al final de todo no fue más que pura llamarada de petate porque ni se me acabó el mundo y mucho menos dejé de cumplir años.

Por otro lado, esto no es la reposición de mi post de cumpleaños ni mucho menos, nada más quiero dejarme un pequeño recordatorio: la vida es tan negra como uno haya decidido pintársela.

Temblor.

Así como cayeron los grandes imperios de la humanidad, se separan las buenas bandas de música y las economías de países europeos colapsan; así te encuentras un día en una isla desierta, parado en la orilla de la playa mirando un atardecer.

Cielo despejado y a espaldas la selva, tupida y majestuosa. De un lado el mar, esa gran extensión de agua sin fin y por el otro no poder ver donde acaba la oscuridad de los árboles, de esa espesura que no deja ni pasar el sol. Levantas la vista y ahí está, un volcán a punto de hacer erupción; sientes un temblor en los pies provocado por las entrañas de la tierra despertando.

No ha pasado ni un segundo y te das cuenta que no saldrás nunca de ahí, que no hay salida ni salvación para ti. Comienza la erupción, un río de lava corre a un costado del volcán.

Piensas en tu vida, lo mucho que deseabas ser feliz y lo poco que hiciste para serlo. Te descubres resignado a morir, evalúas tus opciones, tus dos únicas opciones: morir ahogado en lava o nadar. De cualquier forma morirías ahogado, en agua salada o lava incinerante.

Estás ahí, quieto, inmóvil, contagiado por la quietud del momento, te embarga la tranquilidad de pensar en todo y en nada. Fue simple, decidir sin haber decidido; porque finalmente no te moviste, no tomaste una decisión ni siquiera pensaste en ello, simplemente te quedaste ahí, esperando la catástrofe.

Te sorprendes mirando al cielo y notas que ya anocheció, ves con claridad las estrellas y sólo piensas en eso, las estrellas. De nuevo es un temblor lo que te despierta del ensimismamiento y te das cuenta que ya está ahí, que en pocos segundos vas a morir y que nada importa más en ese momento, que ver por última vez las estrellas.

Historias

Tengo muchas historias enredadas en la memoria, sucesos cotidianos y trascendentales que podrían dejar huella escrita. Tengo historias de cosas que han pasado en el transporte; de niños que en el metro pasan pidiendo dinero dándote un papel impreso en hojas a color  donde aseguran venir de la parte más marginada de Puebla, de taxistas que aseguran haber visto alguna vez a algún artista caerse de borracho y a los cinco minutos totalmente enteros, de vendedores ambulantes en el metro, de autoflagelación por unas monedas. Tengo historias del trabajo; de las vidas amorosas de unos, las envidias de otros y las quejas de toda la vida. Tengo historias familiares; de primos que se casan al poco tiempo de conocer a sus parejas, parientes lejanos que fallecen, de divorcios anunciados desde el día de la boda, disputas económicas, relaciones irreconciliables, familiares con años sin cruzar palabra. Tengo historias de amigos; hipocresías entre unos y otros, el típico que quiere caerle bien al resto, de distancias irreconciliables, de distancias del corazón y de distancias físicas, de amigos que son más que amigos, de confidentes sexuales, de verdaderos amigos, de amigos que se alejan, de nuevos amigos, de conocidos. Tengo historias de amor; de esos donde la distancia es el único impedimento, de exnovios espías, de encuentros cercanos, de lágrimas nocturnas, de ausencias constantes, de celos enfermizos, de tristezas en la mirada, de noches de pasión, de partidas dolorosas, de recuerdos incesantes.

Tengo historias de historias, como esta en la que no escribo de nada y a la vez escribí todo, por lo menos el todo del que tenía que escribir.