Si alguna vez se han mudado, sabrán lo engorroso que es el proceso de guardar todo aquello que es parte de tu vida diaria, pero que a lo mejor pasa desapercibido en el trajinar de la rutina, como los peluches regalo de cumpleaños anteriores que se han acumulado en una repisa o las figuras de porcelana que adornan los muebles de la sala. Sin embargo, a pesar de lo laborioso y molesto que puede ser, para mi es un muy agradable viaje al pasado…
Una de mis principales características como persona es que soy muy “chacharera” (diría mi mamá) es decir, guardo recuerdos de todo y cuando digo todo es TODO!!!
En este momento que estoy en el proceso de empacar las cosas que tengo en mi cuarto, salen a relucir desde las cartas de antiguos novios y amigas, como los boletos de avión de mi primera visita a Cancún, mi agenda telefónica de la primaria, secundaria y vocacional, todos los exámenes que puede guardar de la vocacional y la carrera (ya hablaré de eso después, se merece un post completo), boletos del cine, las cajas de todos mis celulares, folletos de lugares que he visitado, todos y cada uno de los boletos de conciertos y espectáculos a los que he asistido y un sin fin de cosas que aunque parezcan sin ningún valor, tiene algo especial.
Mi mamá dice que los recuerdos hay que llevarlos en la mente y si, tiene razón… el día de tu boda, tu graduación, el nacimiento de los hijos son recuerdos que valen la pena tener en la mente; pero las pequeñas cosas que te hacen sonreir, que te hacen pensar en lo ridícula o cursi que fuiste con un exnovio o de por que te enojaste con una amiga en la primaria, de los lugares a los que has ido de vacaciones o cuantas veces viste a tu artista favorito, esas pequeñas cosas que olvidas con el día a día… esas, yo las guardo en una caja de zapatos que solo ve la luz del día cada que me mudo de casa.











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