Escribir
mayo 13, 2011
Se ha vuelto tan extraña ya la sensación de tomar una pluma, hoja de papel y escribir, algunos de nosotros estamos demasiado acostumbrados a un monitor y un teclado que olvidamos lo que es dejar nuestra huella en tinta y papel. Ahora tenemos la mano dura, acalambrada; los dedos entumidos, tiezos, acostumbrados a golpetear pequeños cuadros de plástico impresos con cada uno de esos símbolos a los que llamamos letras. Son esos mismos símbolos los que antes se formaban con el vaiven de la mano, movimientos circulares que dan forma a sentimientos en palabras. La mayoría ya olvidó como se construyen paso a paso, de forma única e irrepetible; ahora simplemente recordamos su ubicación en un rectángulo de plástico y con presionarlo aparece en la pantalla. En la actualidad el golpe mecanizado y constante de los dedos sustituye a ese movimiento cadencioso que las manos producen al escribir.
No me mal interpreten no estoy en contra de la tecnología (trabajo en eso, vivo de ella), si no fuera por los avances tecnológicos simplemente no estaría aquí, quejándome de por qué los seres humanos olvidamos aquellas cosas que nos hacen precisamente mas humanos.
Este post nació en una hoja de cuaderno cuadro chico y una pluma negra, es corto porque mi falta de costumbre al escribir ha hecho que ya me duela la mano (pinche mano huevona) y no es ni una hoja completa, pero firmemente me propongo escribir más a menudo en papel.









