Historias
julio 31, 2011
Tengo muchas historias enredadas en la memoria, sucesos cotidianos y trascendentales que podrían dejar huella escrita. Tengo historias de cosas que han pasado en el transporte; de niños que en el metro pasan pidiendo dinero dándote un papel impreso en hojas a color donde aseguran venir de la parte más marginada de Puebla, de taxistas que aseguran haber visto alguna vez a algún artista caerse de borracho y a los cinco minutos totalmente enteros, de vendedores ambulantes en el metro, de autoflagelación por unas monedas. Tengo historias del trabajo; de las vidas amorosas de unos, las envidias de otros y las quejas de toda la vida. Tengo historias familiares; de primos que se casan al poco tiempo de conocer a sus parejas, parientes lejanos que fallecen, de divorcios anunciados desde el día de la boda, disputas económicas, relaciones irreconciliables, familiares con años sin cruzar palabra. Tengo historias de amigos; hipocresías entre unos y otros, el típico que quiere caerle bien al resto, de distancias irreconciliables, de distancias del corazón y de distancias físicas, de amigos que son más que amigos, de confidentes sexuales, de verdaderos amigos, de amigos que se alejan, de nuevos amigos, de conocidos. Tengo historias de amor; de esos donde la distancia es el único impedimento, de exnovios espías, de encuentros cercanos, de lágrimas nocturnas, de ausencias constantes, de celos enfermizos, de tristezas en la mirada, de noches de pasión, de partidas dolorosas, de recuerdos incesantes.
Tengo historias de historias, como esta en la que no escribo de nada y a la vez escribí todo, por lo menos el todo del que tenía que escribir.









