Someday.

abril 22, 2012

Tengo tiempo sin pasar por acá y supongo que es por lo mucho que mi vida ha estado igual durante demasiado tiempo, cuando no hay cosas que contar y la inventiva no da más que para 140 caracteres hacer un texto que hable de la rutina no es lo más motivante que uno pueda hacer.

Pero hoy hay algo nuevo que escribir.

Para los que me conocen no es nuevo que soy hija única de madre soltera y que además, a sus treinta años, aún vive con ella. Vivía con ella. Hasta ayer.

Sobran los motivos y razones por las cuales tomé esta decisión, nada tiene que ver con sólo querer más libertad o “hacer lo que se me de mi gana” porque si bien, ya puedo hacer lo que se me de mi gana, tampoco soy una persona irresponsable que dejará de trabajar o se irá de fiesta todos los días. Ahora es el tiempo y dinero lo que limite mi vida.

Ahora vivo mucho mas lejos de mi trabajo y perdí algunas de las comodidades que tenía con mi mamá (saber que siempre hay algo en la despensa, lavar en lavadora, la comodidad de mi cama o la cercanía del trabajo) pero estoy ganando la oportunidad de hacer algo diferente, de crecer como persona, de hacer MI vida y no la que mi mamá quiere para mí. Todas esas comodidades regresaran porque voy a trabajar por ellas.

Quizá no tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo, quizá sí. Pero aquí seguiré hasta averiguarlo.

Tres veces diez.

diciembre 14, 2011

Tengo la costumbre de escribir un post en mi cumpleaños y este año, con el cambio de década, debió ser aun más significativo; no fue así y no me extraña. En lugar de disfrutar, la fecha se volvió un momento depresivo y doloroso que además se vio aderezado con una decepción amorosa que nada más hizo las cosas mas negras de lo que de por sí ya creía que eran. Claro que al final de todo no fue más que pura llamarada de petate porque ni se me acabó el mundo y mucho menos dejé de cumplir años.

Por otro lado, esto no es la reposición de mi post de cumpleaños ni mucho menos, nada más quiero dejarme un pequeño recordatorio: la vida es tan negra como uno haya decidido pintársela.

Temblor.

octubre 20, 2011

Así como cayeron los grandes imperios de la humanidad, se separan las buenas bandas de música y las economías de países europeos colapsan; así te encuentras un día en una isla desierta, parado en la orilla de la playa mirando un atardecer.

Cielo despejado y a espaldas la selva, tupida y majestuosa. De un lado el mar, esa gran extensión de agua sin fin y por el otro no poder ver donde acaba la oscuridad de los árboles, de esa espesura que no deja ni pasar el sol. Levantas la vista y ahí está, un volcán a punto de hacer erupción; sientes un temblor en los pies provocado por las entrañas de la tierra despertando.

No ha pasado ni un segundo y te das cuenta que no saldrás nunca de ahí, que no hay salida ni salvación para ti. Comienza la erupción, un río de lava corre a un costado del volcán.

Piensas en tu vida, lo mucho que deseabas ser feliz y lo poco que hiciste para serlo. Te descubres resignado a morir, evalúas tus opciones, tus dos únicas opciones: morir ahogado en lava o nadar. De cualquier forma morirías ahogado, en agua salada o lava incinerante.

Estás ahí, quieto, inmóvil, contagiado por la quietud del momento, te embarga la tranquilidad de pensar en todo y en nada. Fue simple, decidir sin haber decidido; porque finalmente no te moviste, no tomaste una decisión ni siquiera pensaste en ello, simplemente te quedaste ahí, esperando la catástrofe.

Te sorprendes mirando al cielo y notas que ya anocheció, ves con claridad las estrellas y sólo piensas en eso, las estrellas. De nuevo es un temblor lo que te despierta del ensimismamiento y te das cuenta que ya está ahí, que en pocos segundos vas a morir y que nada importa más en ese momento, que ver por última vez las estrellas.

Historias

julio 31, 2011

Tengo muchas historias enredadas en la memoria, sucesos cotidianos y trascendentales que podrían dejar huella escrita. Tengo historias de cosas que han pasado en el transporte; de niños que en el metro pasan pidiendo dinero dándote un papel impreso en hojas a color  donde aseguran venir de la parte más marginada de Puebla, de taxistas que aseguran haber visto alguna vez a algún artista caerse de borracho y a los cinco minutos totalmente enteros, de vendedores ambulantes en el metro, de autoflagelación por unas monedas. Tengo historias del trabajo; de las vidas amorosas de unos, las envidias de otros y las quejas de toda la vida. Tengo historias familiares; de primos que se casan al poco tiempo de conocer a sus parejas, parientes lejanos que fallecen, de divorcios anunciados desde el día de la boda, disputas económicas, relaciones irreconciliables, familiares con años sin cruzar palabra. Tengo historias de amigos; hipocresías entre unos y otros, el típico que quiere caerle bien al resto, de distancias irreconciliables, de distancias del corazón y de distancias físicas, de amigos que son más que amigos, de confidentes sexuales, de verdaderos amigos, de amigos que se alejan, de nuevos amigos, de conocidos. Tengo historias de amor; de esos donde la distancia es el único impedimento, de exnovios espías, de encuentros cercanos, de lágrimas nocturnas, de ausencias constantes, de celos enfermizos, de tristezas en la mirada, de noches de pasión, de partidas dolorosas, de recuerdos incesantes.

Tengo historias de historias, como esta en la que no escribo de nada y a la vez escribí todo, por lo menos el todo del que tenía que escribir.

Escribir

mayo 13, 2011

Se ha vuelto tan extraña ya la sensación de tomar una pluma, hoja de papel y escribir, algunos de nosotros estamos demasiado acostumbrados a un monitor y un teclado que olvidamos lo que es dejar nuestra huella en tinta y papel.  Ahora tenemos la mano dura, acalambrada; los dedos entumidos, tiezos, acostumbrados a golpetear pequeños cuadros de plástico impresos con cada uno de esos símbolos a los que llamamos letras. Son esos mismos símbolos los que antes se formaban con el vaiven de la mano, movimientos circulares que dan forma a sentimientos en palabras. La mayoría ya olvidó como se construyen paso a paso, de forma única e irrepetible; ahora simplemente recordamos su ubicación en un rectángulo de plástico y con presionarlo aparece en la pantalla. En la actualidad el golpe mecanizado y constante de los dedos sustituye a ese movimiento cadencioso que las manos producen al escribir.

No me mal interpreten no estoy en contra de la tecnología (trabajo en eso, vivo de ella), si no fuera por los avances tecnológicos simplemente no estaría aquí, quejándome de por qué los seres humanos olvidamos aquellas cosas que nos hacen precisamente mas humanos.

Este post nació en una hoja de cuaderno cuadro chico y una pluma negra, es corto porque mi falta de costumbre al escribir ha hecho que ya me duela la mano (pinche mano huevona) y no es ni una hoja completa, pero firmemente me propongo escribir más a menudo en papel.

¡Olas, aló!

abril 11, 2011

Sala, saló sola, sólo sala la sal.

A las alas, ola sal.

¿Aló?

Sala las alas, sala.

Salala sola, la saló.

Sala, sal a la sal.

Alá sólo saló solas a las olas

¿Aló?

Yo

abril 7, 2011

Hoy ella mar era, mal.

Harás airosa, mar salado diva.

[Solos]

Arena llanera, ave salada, ni rama morada

–Dirá caridad–

Aroma Marina ¡Dalas Eva! arena llanera.

[Solos]

Ávido da las ramas o ría Sarah.

La mar era, mal leyó hoy.

El grafógrafo.

febrero 16, 2011

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

Salvador Elizondo.

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