El vecino. 

Frente a mi ventana, en la oficina, hay un edificio de departamentos de lujo: dos pisos cada uno, balcón, buena vista, buena zona, piso de duela, portero y vigilancia las 24 hrs., y eso por lo que puedo ver desde mi escritorio. 
En el primer piso habita una familia, lo supongo porque siempre hay en el balcón ropa colgada de mujer y niños, muchos juguetes en la sala y dos chihuahuas histéricos en el balcón. 

En el tercer piso (que vendría siendo el segundo departamento) hay una adolescente que sale al balcón a beber cerveza y bailar con los audífonos puestos, nunca tiende su cama. Ignoro quien más vive ahí, pero por las tardes ocasionalmente ven Breaking Bad. 

El siguiente departamento llevaba dos meses desocupado, $45,000 dólares la renta mensual. Hace poco mudaron muebles, todos en rojo y color chocolate, bastante modernista la decoración. Tienen el mismo cuadro en letras beige con nombres de ciudades de Estados Unidos que escogimos juntos —en realidad lo escogió él, aunque a veces me gusta pensar que “decidíamos” cosas juntos— y una cama king size que dio muchos problemas subirla por la escalera. Aún no se ve quien vive ahí. 

El último piso tiene persianas, blancas y cerradas, siempre. Pero algo cambió hace dos semanas: el vecino.  Un tipo alto, tez clara, cabello rubio oscuro y fumador, tiene buen lejos, guapo podría decirse. Sale todas las mañanas al balcón a fumar, en pijama; es el único momento en que se abren las persianas y la puerta de ese departamento, no se ve nada al interior, porque no hay o porque no se distingue, da igual. 

A veces, cuando regresa del trabajo, sale al balcón en traje, atiende a alguien por teléfono mientras fuma o simplemente tiene un cigarrillo entre los labios. Me intriga. 

Imagino las posibilidades ¿a qué se dedica? Considerando la zona y el —más que obvio— poder adquisitivo que tiene. ¿Qué clase de trabajo tiene alguien como él? No parece tener horario de oficina. ¿Por qué parece tan solo? ¿Qué esconde tras esas persianas cerradas todo el tiempo? 

De repente ya no estoy imaginando, lo estoy viendo, ya conocí alguien como él, ya conocí alguien como tú —le dice mi mente obsesionada con el pasado— no fumaba, pero lo veo en ti. 

Se termina el cigarro, se cierran las persianas, las de su departamento y las de mi oficina. 

Las de mi vida debería decir, pero sigo observando. Aún. 

La historia de mi vida. 

Estoy escribiéndola, no con afán de hacer un libro o algo, simplemente son fines terapéuticos. 

De mi infancia no recuerdo mucho y lo que recuerdo fue muy doloroso, la adolescencia fue más fácil. Ha sido un proceso de mucho llorar y aprender. 

Después vienen las relaciones amorosas, no es fácil recordar y darse cuenta que fui una cabrona, que me relacione con las personas equivocadas por razones equivocadas. Que no me responsabilice de mis errores y que por eso dañé a alguien que quería o que quisé más bien. Pero después… 

Escribí su nombre y me quedé paralizada, sólo comencé a llorar amargamente. 

Extraño: No sabes lo mucho me que odio a mi misma por seguirte llorando. Se que me equivoqué en muchas cosas, que permití abusos y que yo misma me falté al respeto contigo. Se que lo que pensé que era amor era precisamente lo contrario: falta de amor, pero del propio. Y también se que tú te pasaste de cabrón, que jugaste conmigo, que prometiste cosas incumplibles, que actuaste con el ego y traicionaste lo que idolatraba.  Hay responsabilidad de ambas partes. Qué lo que mas me hizo daño fueron mis propias expectativas; aun te sigo llorando y no se si es por ti o por mí, pero lo que sí sé es que esto va a pasar. Espero que hayas tenido un excelente día. 

Seguiré escribiendo mi historia porque, definitivamente, lo que no quiero es repetirla. 

Con un acorde me acordé.

Amo la música, es de las cosas que me hacen más feliz y más triste en este mundo. Todo porque me es difícil no relacionar las canciones con las personas, podría decir que cualquier persona que haya pasado por mi vida o un acontecimiento importante está reflejado en alguna canción, que no necesariamente tiene que ver la letra, a veces es sólo el momento y sonaba esa canción o la escuché después o algo así.

El pero es cuando el momento es doloroso o la persona ya no está conmigo, esto puede volverse un martirio y arruinar toda una canción que quizá es de mis favoritas. Ya he aprendido que a la gente no se le dedican canciones, como diría José José, “hasta la belleza cansa y el amor acaba” pero la música perdura y seguirá ahí.

No recuerdo haber dedicado nunca alguna canción y sigo inevitablemente asociando canciones con personas, aunque duelan y sienta que se arruinan, es una buena forma de reconocer que fueron parte de mi vida.

Nada me hace sentirme más viva como la música. Suena Love song de The cure y recuerdo como le lloraba a esa expareja, Viento de Caifanes mi primer amor me la cantó al oído una vez, ¿Y todo para qué? de Intocable también me la cantaron al oído por decirle que no, igual Cuando respiro en tu boca de Lucybell. La célula que explota me recuerda el fin de año de 1989 con mis primos, Té para tres era la favorita de un exnovio, lloro con Mientes de Camila (con todo el disco de hecho), Bon Jovi quedó totalmente arruinado para mí y I can take my eyes of you es el soundtrack de mi niñez; aunque podría seguir y seguir con ejemplos.

En fin… todo porque me acordé.

A veces dolor

A veces el dolor no es más que el recuerdo de que uno está vivo. 

Cuando se trata de tu recuerdo mejor quisiera estar muerta.

Se dice que uno no puede amar y odiar al mismo tiempo, pongo este año de testigo y a ti de evidencia de que es posible.

Eres lo mejor y lo peor que me ha pasado en la vida. Hasta hoy, no sé mañana.

Sólo por hoy quisiera decirte que ojalá nunca te hubiera conocido.

Sólo por hoy quisiera decirte que me haces falta.

Sólo por hoy y para siempre quiero decirte que eres y estás en mi pasado.

Quemando las naves.

Una a una estoy trabajando en las cosas que hicieron de mi vida lo que es ahora, uno a uno repasando los momentos que hicieron que sea quien soy, uno a uno contactando con ese dolor original, identificando los mecanismos de defensa que me sirvieron en el pasado y que ahora sólo son piedras en el camino, valorando lo que realmente me enseñaron las personas que hasta hoy han sido parte de mi vida, dándome cuenta que cada cosa tiene su tiempo y que el tiempo que de cada cosa es perfecto.

Este proceso ha sido lo más doloroso que he pasado hasta este momento, no sólo por la perdida que me llevó a él sino por todas las personas que debo trabajar, aceptar que no puedo controlar a esas personas ni lo que deciden ellas mismas, que tengo que confiar en Dios y en mí, que soy lo único que tengo y que el resto es sólo de paso, que no tengo ni debo controlar todo a mí alrededor y sobre todo que soy responsable de mí.

Una a una estoy quemando las naves de mi vida, no para dejar de ser quien soy sino para ser mejor cada día.

Marcar como leído.

¿Qué pasa cuando uno tiene un correo electrónico que no le sirve más pero que aún no es capaz de eliminarlo? Lo marcas como leído, es decir, ahí está para cuando lo necesites (si es que llega ese día) pero no llama más tu atención, no es un pendiente más, ni se vuelve algo por hacer. Así serás a partir de hoy en mi vida, hasta que tenga la fuerza necesaria para moverte a la carpeta de eliminados y vaciar la papelera de reciclaje.

Hoy estuve todo el día en la cama, repasando en mi mente muchos de los momentos a tu lado, sintiendo miedo por no poder volver a vivirlos y destruyéndome mentalmente una y otra vez y otra vez y otra vez. Siempre supe que yo no te importaba, pero tú siempre decias que sí, que no podías creer que yo dijera eso… y te creí. Te creí como la gente cree en Dios, con fe ciega y basado sólo en palabras y no en acciones. ¿En qué momento pasaste de ser lo mejor que había conocido a la persona que mas me ha lastimado? ¿En que momento me volví desechable para ti?

Me equivoque, Dios sólo hay uno y no eres tú.

Dios, dame fuerza para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para conocer la diferencia.

Eres lo único que me queda, ayúdame te lo pido.

Buscando palabras.

Quiero usar la soledad que tengo ahora para mí, cuidarme más, quererme más. También para dedicarle más tiempo a este espacio que abandoné por diferentes razones, pero siempre por la falta de constancia que me caracteriza. Nunca es fácil para mí escribir de lo que me pasa, no es lo mismo que con las palabras habladas, esas se las lleva el viento y ya; lo escrito, escrito queda. Pero si puedo vivir sola, si puedo alejarme de quien me hace daño, puedo hacerme de palabras escritas para que no sea el viento quien se las lleve y queden aquí para cuando necesite volver sobre mis pasos.

Por el momento sólo estas palabras, pero la búsqueda de las correctas sigue y pronto las encontraré.